Es complicado fechar la noche de San Juan, lo que podemos afirmar que es una mezcle de diferentes civilizaciones y que la religión católica lo ha traído hasta la actualidad. Uno de los perseguidores de esta tradición pagana fue Teodosio, Emperador Bizantino, ya que declaró en el S.IV en el Edicto de Tesalónica, al Cristianismo como religión del Imperio Romano. Aunque no lo consiguió el todo, ya que muchas celebraciones de hoy son de origen pagano y estos rituales herejes se fundieron hasta formar parte de ella, el cambio que le dieron a esta festividad fue la natividad de San Juan Bautista, que según la Biblia nació el 24 de junio (como veis menos mágico) santo que se le relacionaba con el fuego ya que su padre Zacarías encendió una hoguera cuando nació y al agua por el bautismo de Jesús. En lugar de celebrar la festividad Celta de honrar al sol “Alban Heruin”. Existe la leyenda de que el Sol estaba enamorado de la Tierra, a quien no quería abandonar tras la llegada del solsticio de verano y los días se acortaran hasta el 24, que el Sol mostraría a la Tierra su poder y esplendor en la noche más corta. Antiguas civilizaciones al llegar el buen tiempo sería el momento perfecto para ahuyentar malos augurios y atraer el amor y la fertilidad con rituales de fuego y agua. El cristianismo mantuvo el encendido de hogueras para quemar lo mal y atraer lo bueno, pero por supuesto con la presencia de la cruz cristiana.

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